Casi como San Pedro
Es una exageración, eso lo tengo completamente claro, pero después de sólo dos llaves, tener ocho se siente un poco como eso. ¿Qué esperaban? ¿Y nadie le puso atención al "casi"? Estos lectores de hoy... ¿Qué quieren que diga? Me gustan mis llaves. Porque son las llaves de la casa nueva y la antigua, porque son mías, porque tienen mis colores y porque abren todas las puertas que de verdad me interesa abrir (cualquier otra es capricho o necesidad momentánea). Y también porque me costó mucho conseguirlas. Las primeras dos fueron el fruto de arduas negociaciones con mi querida y muy sobre protectora abuela, que no quería saber nada de la idea de tenerme sola en la casa mientras el resto de la familia estaba fuera trabajando. Con el colegio prácticamente en frente del domicilio familiar y la mala costumbre de mis parientes de retirarme bastante más tarde de la hora de salida (¡casi dos horas de retraso a veces!) ya se imaginaran como me lo tome. Ahí me veo, solita e...